Sin congreso no hay democracia

Artículo de opinión publicado el 27-10-2022 en Levante-EMV 

Por Vicente Torres Peiró. Militante del PP de Oliva

 

Si los partidos políticos reprimen su democracia interna, ¿realmente podemos afirmar que disfrutamos de una democracia plena en nuestro país? Esta pregunta, tan aparentemente obvia, es la que llevamos meses formulándonos muchos afiliados y ex-afiliados del PP de Oliva.

Supuestamente, todos los partidos españoles deberían cumplir la Ley Orgánica 6/2002; en cuyo artículo 8.4 se reconoce el derecho que tiene todo militante a ejercer el voto, participar en los órganos de gobierno y ser electores y elegibles para los cargos. Derechos que deben recoger los estatutos de todos los partidos legalmente constituidos. Como es el caso de los del PP, cuya última versión (la aprobada por el XVIII Congreso Nacional), dispone en su art. 7 que todo afiliado tiene el derecho a participar en los procesos de elección del Presidente local, así como el de ser candidato a los órganos de gobierno. Y para que esto sea posible, el art. 31 establece que los congresos ordinarios, de cualquier ámbito territorial, se celebrarán cada cuatro años.

Pero ha de saber el lector que, en Oliva, no se ha celebrado ningún congreso local desde hace bastante más de cuatro años. Es más, había uno programado para otoño de 2021 y lo cancelaron sin más. A pesar de que nuestros líderes (Vicente Mompó, Avelino Mascarell y Silvia Mena) sostuvieron reiteradamente que se celebraría. Pero lo bien cierto es que, transcurrido un año, ni se ha celebrado... ni está en la agenda.

Algo que reconozco con pesar. Porque significa que no se han hecho realidad las promesas que nos hizo la dirección del partido (nuestros líderes no han cumplido su palabra). Y también porque la supresión de dicho congreso equivale a negar el derecho a decidir de los militantes, vetando así la democracia interna. Algo que resulta incomprensible en los tiempos que corren, y que contraviene la ley y los estatutos anteriormente citados. Ningún demócrata puede entenderlo.

Y todavía menos en Oliva, donde sigue tan vivo el fantasma del tiempo de las gestoras. Oscuro período que comenzó en 2009, con la creación del órgano que teóricamente venía a poner remedio a las divisiones internas que asomaban por aquel entonces, pero que acabó convirtiéndose en una terrible caja de Pandora para el PP local. Resultado: fracturas dolorosas que en 2010 cristalizaron en dos importantes escisiones. Y tres legislaturas más regaladas a PSOE y Compromís, que llevan tiempo beneficiándose de nuestras guerras fratricidas (de hecho, entre ambos suman casi 20 años seguidos de alcaldías).

No entenderá tampoco ningún demócrata que la actual gestora esconda la información a sus afiliados. El 26 de septiembre de 2021 nos enteramos por la prensa de la constitución de la misma... y eso es lo único que hemos sabido en todo este tiempo. A pesar de que muchos hemos invocado nuestros derechos ante su presidenta, la Sra. Silvia Mena... sólo hemos obtenido silencio por respuesta. Algo que tritura el anhelo de transparencia del presente tiempo político. Así como la ley y los estatutos, que reconocen el derecho a opinar y participar, controlar la acción política y ser informados sobre las actividades, las decisiones y las políticas. Por desgracia, palabras vacías en el caso de Oliva, donde la realidad es muy distinta. Aquí ni se cumple la ley, ni los estatutos. Razón por la cual los militantes de a pie sentimos tristeza, indignación e impotencia; que venimos manifestando a través de los escasos medios de que disponemos (siempre de forma educada y respetuosa, como no puede ser de otro modo). 

Hasta ahora siempre había creído, ilusamente, que la ley y los estatutos estaban para cumplirse. Sobre todo en lo que se refiere a participación, democracia interna y transparencia. Pienso que ningún partido debería aspirar a gestionar nuestra democracia, si realmente no cree en ella. Y, no nos engañemos, si se prohíben los congresos, se censuran los pilares de ésta.


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