Militantes de segunda
Artículo de opinión publicado el 5-06-2022 en Levante-EMV
Según parece, el Partido Popular de Oliva está viviendo una severa crisis que "ha forzado" la constitución de una gestora. Un organismo excepcional que, de acuerdo con nuestros estatutos, puede gobernar transitoriamente una organización local, durante 6 meses, cuando se aprecien "graves circunstancias que así lo aconsejen".
Y digo "según parece", porque de este asunto los afiliados nos enteramos por la prensa. Lo leímos, con estupor, el 26-09-2021 en este mismo diario (Levante-EMV). Y aunque han pasado más de ocho meses desde entonces, en todo este tiempo no hemos recibido información al respecto. No se nos ha convocado a ninguna reunión, ni se nos ha remitido ninguna carta; ni siquiera un correo electrónico o un WhatsApp. Nada. ¡Y no será porque no hemos mostrado interés y preocupación por el tema! En varias ocasiones hemos pedido, sin éxito, un poco de transparencia sobre la gestión de esta supuesta crisis. Ya lo hizo público la compañera y exconcejala, Rosa Pous, en otro artículo de opinión (Levante-EMV, 12-03-2022). Pero seguimos esperando.
Por la prensa nos enteramos de la constitución de la gestora y de la composición de la misma. Fue entonces cuando tuve una amarga revelación, que se ha ido confirmando a medida que pasan los meses. Es esta: que aunque todos paguemos la misma cuota, en mi partido hay unos afiliados de primera, y otros de segunda (me va doliendo a medida que lo voy verbalizando). Y, por lo visto, yo no pertenezco al grupo de los privilegiados. Yo formo parte del pelotón de los torpes. O sea, de aquellos a los que les toca pagar cuotas, pegar carteles, llenar autobuses y acudir cuando tocan el pito. Pero sin que eso comporte el derecho a ser informada, votar, decidir... o formar parte de gestoras. Esos derechos están reservados para la élite.
Descubrí esa cruda verdad cuando caí en la cuenta de que era la prensa la que me informaba de lo que sucedía en el partido al que pagaba religiosamente mi cuota. Cuando observé que estaban ausentes del órgano que ahora “nos gobierna” muchos de los compañeros que suelen participar y colaborar. Que ni siquiera forman parte de dicho órgano los concejales que han dado la cara por el partido en las últimas legislaturas; ni tampoco buena parte de nuestro actual grupo municipal (y eso que es pequeñito). Demasiadas ausencias y demasiadas casualidades.
Por lo que también comprendí que Salvador Llopis era, como nosotros, un militante de segunda. O sea, un afiliado que podía ser el candidato cuando nadie más estaba dispuesto a hacerlo, que podía dar la cara por el partido cuando las encuestas eran desfavorables, que podía hacer el ridículo con la campaña electoral más mísera de la historia. Pero que no tenía derecho a aspirar a un cargo orgánico... a pesar de que la ley y los estatutos reconocen ese derecho a cualquier afiliado.
Porque "según parece", ese ha sido el motivo de la grave crisis que vivimos y que "ha forzado" la constitución de la gestora. Aunque resulta muy difícil de entender que un partido prive de democracia interna a sus afiliados con el objeto de vetar un derecho. Máxime cuando a ese afiliado le confió nada menos que la responsabilidad de ser el candidato a la alcaldía, con todo lo que eso comporta (y que actualmente ostenta la responsabilidad de la portavocía). Algo no cuadra.
Y todavía cuadra menos sabiendo que Salva no tiene ninguna aspiración personal de repetir como candidato. Él siempre ha manifestado que pone su capital político (el que ha ido ganando con trabajo y tesón) a disposición del partido. Ofreciéndose a colaborar para formar la mejor lista posible, y que el PP sea una alternativa convincente frente a quienes llevan 20 años ostentado la alcaldía de Oliva. Su única pretensión, al presentarse al difunto congreso local, era que el futuro candidato (o candidata) encontrase un panorama más alentador que el que él tuvo en la campaña de 2019. Simplemente.
Pero todo apunta a que Salva también es hijo de un dios menor. Como nosotros, él tampoco pertenece a la élite de los que sí tienen derecho a decidir, a ostentar cargos importantes y a formar parte de las gestoras. Es un militante de segunda, y por eso muchos nos sentimos identificados con él.
Por eso, y porque siempre ha estado ahí: "currando". En años muy difíciles para los populares, con escándalos y el estigma de la corrupción al cuello. No era fácil dar la cara en momentos así, con todas las encuestas en contra. Y menos aún en Oliva, donde sufrimos la humillación de perder ridículamente nuestra sede, y teníamos escándalos vergonzantes propios. A lo que debemos sumar la fragmentación que arrastramos desde 2009 (a raíz, precisamente, de las maravillosas gestoras).
En medio de ese panorama desolador, y cuando otros se ponían de perfil (eludiendo su responsabilidad), Salva asumió el riesgo de dar la cara por un partido en horas bajas. Y después del duro resultado electoral, tampoco echó a correr, ni se buscó acomodo en Valencia. Él se quedó con nosotros. Se recompuso, se reinventó y sigue al pie del cañón dándolo todo. A pesar de ser "de segunda".

Comentaris
Publica un comentari a l'entrada