Decepción, con esperanza al fondo
Me consta que muchos militantes y simpatizantes del Partido Popular de la provincia de Valencia se sintieron muy decepcionados al enterarse, "de aquella manera", que no iban a celebrarse congresos locales en muchos municipios de nuestra geografía. Decepcionados por tres grandes motivos (además de por las formas).
En primer lugar, porque suprimir los congresos equivale a vetar unilateralmente la democracia interna del partido, negando a los militantes su derecho a decidir. En segundo lugar, porque significa incumplir nuestros propios estatutos (concretamente el art. 27.2). Y, en tercer lugar, porque significa que los dirigentes provinciales y comarcales han faltado a su palabra, puesto que hace unos meses nos aseguraban que dichos congresos sí iban a celebrarse.
Respecto de esto último hay numerosas pruebas. Desde WhatsApps privados, que muchas y muchos conservamos, hasta las declaraciones del Coordinador comarcal, Avelino Mascarell, ante este mismo medio de comunicación (véase Levante-EMV de 22-09-2021).
Así pues, comprenderá el lector la decepción y el enfado que sentimos muchos militantes y simpatizantes populares. Decepción y enfado que se agrava en el caso de Oliva, puesto que llevamos padeciendo "gestoras" desde tiempo inmemorial.
A pesar de que el art. 36 de nuestros estatutos limita a seis los meses que este órgano tan antidemocrático puede estar controlando las organizaciones territoriales (y siempre en casos muy excepcionales), lo cierto es que en Oliva llevamos prácticamente desde 2009 tutelados por una gestora tras otra, con resultados nada alentadores. La división y la fragmentación del voto de centro-derecha ha sido el resultado del tiempo de gestoras. Caracterizado por escándalos, luchas cainitas y fracturas internas. Una mala imagen y una dispersión de fuerzas que ha beneficiado a PSOE y Compromís, que gracias a todo esto ya suman casi 20 años de alcaldías, a pesar de que no siempre les acompañan las mayorías. Y como muestra, un botón. En esta legislatura los partidos de la oposición suman más votos que los que están en el gobierno. Pero ahí siguen.
Mientras, volvemos a las gestoras. De la creación de la última nos enteramos por la prensa, literalmente. Una gestora que ha dejado al margen a la mayoría de nuestro grupo municipal, portavoz incluido, con la imagen de división que este desafortunado gesto vuelve a resucitar. Y de la que no hemos tenido ninguna noticia orgánica en todo el tiempo que lleva "operativa" (ya va para seis meses).
Los y las militantes de Oliva no hemos recibido la más mínima información en todo este tiempo, a pesar de que lo hemos pedido por activa y por pasiva. Con lo que se han conculcado nuestros derechos, reconocidos tanto por la Ley Orgánica 6/2002 de Partidos Políticos (art. 8.4.c), como por los estatutos aprobados en nuestro XVII Congreso nacional (art. 6).
Y el colmo ha sido enterarnos, de forma muy poco seria y ortodoxa, de que muchos congresos locales no iban a celebrarse. O sea, que no íbamos a poder participar ni decidir sobre aspectos fundamentales del partido en el que militamos, a pesar de estar al corriente de nuestras cuotas. Y eso porque los mismos que nos habían dado su palabra de que sí se celebrarían han decidido lo contrario, de forma unilateral y autoritaria.
Considero que todo esto es un error que no hace más que alimentar el descontento de la militancia, para beneficio de los partidos del Botànic. No podemos permitirnos volver a la mala imagen de tiempos pasados. Ahora menos que nunca. No podemos volver a perder energías en peleas internas en lugar de seguir trabajando para llevar los problemas de la Oliva real a la agenda política, como tan bien está haciendo Salva Llopis, a pesar de las dificultades.
Para muchos y muchas la única esperanza es que el próximo congreso nacional inicie un cambio en cuanto a democracia interna se refiere. Y se tome en serio la participación de la militancia. Respetando los estatutos y la legislación. Damos un voto de confianza a Alberto Núñez Feijóo en este sentido.
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